8M: Romper la Trampa Algorítmica
El 8M llega en un contexto de backlash generacional, algoritmos polarizantes y nuevos desafíos para el feminismo.
A medida que nos acercamos a un nuevo 8 de marzo, la atmósfera que rodea las reivindicaciones por la igualdad se siente más densa y compleja que en años anteriores. No se trata de una mera sensación subjetiva, los datos del reciente Barómetro Juventud y Género 2025 de la Fundación Fad Juventud confirman que nos encontramos en una encrucijada generacional marcada por la polarización. Mientras que el feminismo ha logrado asentar la idea de que la igualdad es un valor social fundamental, ese mismo éxito ha despertado una reacción defensiva en gran parte de la juventud masculina, dibujando un panorama donde la lucha por la igualdad debe librarse ahora en nuevos frentes, especialmente en el digital.
El retroceso del imaginario igualitario
La realidad que describe el Barómetro es la de una juventud profundamente fragmentada en su percepción de la justicia social. Existe una preocupante tendencia al “backlash” o reacción: mientras que en 2021 la mitad de la juventud se identificaba abiertamente con el feminismo, en 2025 esa cifra ha caído drásticamente al 38,4%. Esta desafección es especialmente visible entre los hombres jóvenes, de los cuales un 52,8% sostiene ahora que las políticas de igualdad “han llegado demasiado lejos” y que, en la práctica, los discriminan a ellos.
Esta brecha se ilustra con nitidez en los datos del CIS. El gráfico de evolución de la media ideológica ilustra cómo, tras años de relativa cercanía, las trayectorias de hombres y mujeres de entre 18 y 24 años han comenzado a divergir drásticamente: mientras las mujeres (línea morada) mantienen su posicionamiento en una izquierda moderada, los hombres (línea verde) han protagonizado un giro acelerado hacia la derecha, especialmente a partir de 2020. Esta fecha es especialmente relevante, pues es a partir de la pandemia cuando se acelera la producción y consumo de contenidos digitales y cuando toda una generación socializa políticamente en redes sociales.
Polarizados por diseño
Para comprender por qué estos discursos reaccionarios calan con tanta rapidez y virulencia en las nuevas generaciones, es imprescindible mirar hacia la arquitectura de nuestras interacciones digitales. Un estudio crucial publicado hace un par de semanas en la revista Nature, titulado “The political effects of X’s feed algorithm”, ofrece la evidencia científica. La investigación demuestra mediante un experimento de campo que el algoritmo de la plataforma X (antes Twitter) no funciona como un espejo neutral de la sociedad, sino como un agente activo de desplazamiento ideológico.
El artículo revela que el algoritmo promueve de forma sistemática contenido conservador y cuentas de activistas políticos, mientras relega a un segundo plano a los medios de comunicación tradicionales. Según los investigadores, solo siete semanas de exposición a un feed algorítmico son suficientes para desplazar significativamente las opiniones de los usuarios hacia posiciones más conservadoras en temas de política pública y prioridades sociales. Este fenómeno explica científicamente la expansión de la llamada “manosfera”: el algoritmo de X crea burbujas de filtro donde se amplifican narrativas que sitúan al hombre como víctima, facilitando que los jóvenes sigan a activistas que refuerzan estos sesgos y manteniendo ese comportamiento incluso si el usuario intenta volver a un feed cronológico. Este tipo de dinámicas no se dan solo en X, sino también en Tiktok y Youtube.
Alfabetización digital para el futuro
La lucha por la igualdad no podrá limitarse únicamente a las instituciones, las leyes o las manifestaciones en las plazas, el gran reto es intervenir en el diseño de la arquitectura digital. Si los movimientos por la igualdad no logran infiltrarse con eficacia en los nuevos canales de consumo juvenil, el feminismo corre el riesgo de quedar recluido en un espacio institucional que la juventud percibe como ajeno o manipulador.
La hoja de ruta para los próximos años debe priorizar la alfabetización algorítmica como una herramienta de defensa democrática. La evidencia de Nature nos advierte de que el consumo de información en redes sociales está moldeando nuestras prioridades de forma asimétrica, primando el conflicto sobre el consenso. El futuro del proyecto igualitario dependerá de nuestra capacidad para dotar a las nuevas generaciones de herramientas críticas que les permitan identificar cómo sus dispositivos están diseñados para maximizar el engagement a través del refuerzo de estereotipos tradicionales.
Reconstruir un consenso social donde la justicia de género vuelva a percibirse como un beneficio para el conjunto de la sociedad, y no como una amenaza para una parte de ella, es el desafío fundamental que debemos afrontar a partir de este 8 de marzo.



